CIUDAD DE IWAMA
 
CIUDAD DEL AIKIDO
 
 
 
 
 
 
 
  La ciudad de IWAMA se conecta al O-SENSEI y la historia del AIKI.
   
  Allí, O-SENSEI construyó el AIKI-DOJO y el AIKI-JINJA (El TEMPLO del AIKI), dedicado a los "DIETIES" (Dioses/Espíritus) protectores de nuestro ARTE.
   
  En el paisaje bucólico de esa Ciudad pequeña, O-SENSEI desarrolló mucho de las bases de nuestro Arte.
   
 
 
 
 
 
 
 
  MORIHIRO SAITO SENSEI estudió y junto con su familia sirvió O-SENSEI UESHIBA durante muchos años.
   
  Después de la muerte del FUNDADOR, la FAMILIA SAITO continuó el trabajo de preservación del AIKI-DOJO y del AIKI-JINJA, volviéndose, por ese trabajo, GUARDIÁN de estos santuarios de nuestro Arte.
   
   
  MORIHIRO SAITO SENSEI decía que los UCHIDESHIS, AIKIDOKAS que han vivido, estudiado y trabajado con él en IWAMA, también han tenido un papel importante en el mantenimiento físico y espiritual de estos dos marcos históricos de nuestro Arte.
 
 
 
 
 
 
   
 
 

Imágenes y texto abajo del libro "Aikido & La Ciudad de Iwama" escrito por Carlos Nogueira.

 

 

Iwama es para mí un lugar muy especial, la ciudad tiene calidades particulares que pueden verse y pueden sentirse a través de sus áreas de intenso verde y su calma bucólica.

 
A la base del la montaña de Iwama (el Atago-san), pueden encontrarse muchos santuarios.
 
De allí llevando mi JO y BOKEN, yo hice muchas caminatas y entrené muchas veces a través de los bosques y a la cima de esa montaña, encontrando en el proceso, momentos frecuentes de verdadera meditación y tranquilidad.
 
 
 
 
 
No sólo las características geográficas de esa ciudad la hacen especial, las personas de Iwama que han estado recibiendo todos nosotros, Aikidokas, siempre que nosotros consigamos llegar allí, son también una parte de esta paisaje. Cuando yo estoy en Iwama, yo soy invado por un sentimiento de conforto, así como cuando nosotros nos sentimos siempre que lleguemos a casa.
De mi experiencia a Iwama, la ciudad y sus personas son recordatorios de nuestras calidades humanas de solidaridad, respeto y cortesía que poco a poco parecen ser suprimido cada vez más en la naturaleza de muchos de nosotros.
Familias, como los Akiyama, Orozco y Yamashita con que yo tenido el privilegio de tener un contacto más íntimo, son para mí ejemplos vivos de estas calidades humanas que son fundamental para nuestra evolución. Yo estoy seguro de que cada uchideshi debe llevar por lo menos en su corazón un nombre de una persona o familia que estuve hospitalaria y solidarias, mientras haciendo lo sentirse en casa, tan lejos de su propia.
 
 
 
 
 
El crecimiento de la población es un hecho innegable en el globo, llega gradualmente a todos los lugares, y claro, el mismo está pasando a Iwama.
Esta realidad está poco a poco cambiando la apariencia y la atmósfera de esa Ciudad, así como el propio Dojo.
Pero, muchas historias del Dojo se quedan. El uchideshis, que viven en el Dojo y quién cuenta estas historias, son como guardianes, intentando tardar el adelanto inevitable de los cambios.
Muchas incursiones yo hice en la tierra, bosques y colinas de IWAMA, encontrando en la soledad un gran conforto y un satisfacción emocional increíble.
La mayoría de mis incursiones más intrépidas pasaban a los domingos.
Domingos eran especiales en este aspecto porque no teniendo una clase nocturna, yo podría ir simplemente, ir siguiendo en mi exploración a través del área de IWAMA y a veces, en de las ciudades cercanas sin tener que estar cronometrándome para evitar llegar tarde para la clase. A esos días, si yo no fuera a los bosques para entrenar, yo acostumbraba usar una bicicleta e ir a través de los caminos más variadas que yo podría seguir, simplemente iba adelante. Las estradas en ese lado del país son muy buenas, un poco estrecho para los automóviles, pero perfecto para las bicicletas.
As estradas naquela área rural são muito boas, um pouco estreitas para automóveis, porém perfeitas para bicicletas!
Yo recuerdo de un domingo al de verano que poco después la clase de la mañana, yo cambié mi ropa y seguí mi carrera pelo interior.
El aire a ese día estaba un poco húmedo, con el factor de humedad alto y algunas nubes que cubrían los cielos, prometían duchas refrescantes. Después de pocas horas en el camino, sintiendo la sangre pulsando en mis músculos de las piernas y teniendo mi cuerpo cubierto por la transpiración, yo descubrí un atajo que llevaba en una montaña, como de costumbre, Yo me volví a esa dirección y entré en el camino.
Llegando a la base de la montaña, yo puse la bicicleta encima de mi hombro y empecé a subir e ir por los bosques. Pocos minutos a caminar y yo ya me encontré involucrado por el follaje y me embriagué por el aroma del verde. Mientras a y más allá de la vista, el sonido de los truenos anunciaba la lluvia de que las primeras gotas, en sus intervalos cortos, ya tocaban mi cuerpo y todo en vuelta...
Gota por gota la lluvia espesada aun cuando que al mismo tiempo, un tipo de manto cubría los cielos, oscureciendo la luz del día, creando sombras en movimiento y bajando la temperatura del aire. Mientras la lluvia se cayó rellenando los espacios y refrescando mi alma, un vapor blanquecino causado por la caída de la temperatura flotaba encima de mi piel, encima de la tierra y encima de toda la vegetación circundante, como una sola aura, unificándose la existencia entera.
Yo no sé si fuera por la causa de la fatiga o el cambio de temperatura súbito, pero yo me quedé un poco embriagado, un poco vertiginoso, y como en una toma doble, o en un “déjà-vu”, yo estaba allí y al mismo tiempo, era como si yo estuviera observando lo que estaba pasando de fuera de mi cuerpo, flotando en un nulo donde el tiempo es para siempre, sin empezar o acabar.
Yo sentí allí un momento de pura felicidad cruzar mi espíritu.
(Carlos Nogueira)